Columna invitada por: Liz Hernández
Ser madre nunca ha sido una tarea sencilla.
Ser madre significa cuidar, trabajar, escuchar, resolver, acompañar, proteger y, muchas veces, hacerlo todo al mismo tiempo. Las madres son las primeras en despertar y las últimas en descansar. Son quienes sostienen hogares enteros incluso en los momentos más difíciles.
Y quienes hemos tenido la bendición de ser madres, sabemos que no existe esfuerzo pequeño cuando se trata de nuestros hijos y nuestras familias.
Yo lo digo no solamente como servidora pública, sino también como madre y como abuela. Porque desde esa experiencia entiendo perfectamente lo que significa preocuparse todos los días por el bienestar de quienes más amamos. Entiendo lo que representa sacar adelante un hogar, acompañar sueños, enfrentar dificultades y nunca rendirse.
Por eso este Día de las Madres también debe ser un momento para reconocer algo muy importante: hoy las mujeres mexicanas ya no solamente son reconocidas con palabras, también están siendo respaldadas con políticas públicas y con gobiernos que entienden su realidad.
Durante muchos años, millones de mujeres trabajaron sin apoyo, sin reconocimiento y sin oportunidades reales. Se hablaba de las madres solamente en fechas especiales, pero pocas veces se construían programas pensados verdaderamente para mejorar su calidad de vida.
Hoy eso está cambiando.
Con nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, México vive una nueva etapa en donde las mujeres están en el centro de las decisiones públicas. Y no es casualidad que por primera vez tengamos una mujer al frente del país. Porque también es tiempo de mujeres que gobiernan con sensibilidad, con cercanía y entendiendo las necesidades reales del pueblo.
Ahí están los hechos.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, el salario mínimo en México pasó de 88.36 pesos diarios en 2018 a 278.80 pesos diarios en 2025 en la mayor parte del país, lo que representa una recuperación histórica del poder adquisitivo para millones de familias mexicanas.
También se han impulsado derechos laborales para las trabajadoras de plataformas digitales, muchas de ellas madres de familia que durante años trabajaron sin seguridad social ni protección laboral.
Además, programas como la Pensión Mujeres Bienestar buscan reconocer el esfuerzo de millones de mujeres que han dedicado su vida al cuidado de sus familias y de sus comunidades.
Y todo esto tiene un impacto directo en los hogares mexicanos. Porque cuando una madre tiene acceso a mejores oportunidades, a salud, a programas sociales y a condiciones más dignas, también mejora la vida de toda una familia.
En Campeche también vivimos este momento histórico de transformación. Con nuestra gobernadora Layda Sansores, vemos todos los días un gobierno cercano, humano y comprometido con las mujeres campechanas. Un gobierno de más territorio y menos escritorio, que escucha y resuelve, y que entiende que apoyar a las mujeres también significa fortalecer a las familias y a nuestras comunidades.
Y hay algo muy importante que vale la pena decir con claridad: en el gobierno de Layda Sansores, todas las políticas públicas del estado deben contar con mínimo un 50% de beneficiarias mujeres y, en muchos casos, esta meta incluso se ha rebasado.
Eso no es casualidad. Es una visión de gobierno.
Porque hoy, por primera vez, las mujeres ya no solamente son vistas como acompañantes de la transformación; hoy son protagonistas de ella. Hoy las mujeres están al centro de las decisiones públicas, de los programas sociales, del bienestar y del desarrollo de nuestras comunidades.
Eso significa apoyar a las madres trabajadoras, a las jefas de familia, a las emprendedoras, a las adultas mayores y a miles de mujeres que durante muchos años fueron invisibilizadas.
Y justamente ahí está una de las grandes diferencias de este tiempo de mujeres: hoy sí existen gobiernos que entienden la realidad que viven millones de mujeres mexicanas todos los días.
Hoy, miles de mujeres participan activamente en la transformación de nuestro estado y de nuestro país. Mujeres que trabajan, que emprenden, que estudian, que cuidan, que sirven y que nunca dejan de luchar.
Por eso esta columna está dedicada a todas las madres campechanas.
A las que trabajan desde muy temprano.
A las que nunca se rinden.
A las que sacan adelante a sus hijos con amor y esfuerzo.
A las que sostienen familias enteras.
A las que son ejemplo de fortaleza y de vida.
Porque cuando un gobierno apoya a las madres, no solamente transforma un hogar: transforma generaciones enteras.
Y porque hoy, más que nunca, México vive un tiempo de mujeres.

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